{"id":681,"date":"2026-06-16T20:32:23","date_gmt":"2026-06-16T18:32:23","guid":{"rendered":"https:\/\/jacarandacentrosaludmental.cl\/?p=681"},"modified":"2026-06-17T22:27:47","modified_gmt":"2026-06-17T20:27:47","slug":"caminar-con-dolor-reflexiones-clinicas-sobre-el-duelo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/jacarandacentrosaludmental.cl\/index.php\/2026\/06\/16\/caminar-con-dolor-reflexiones-clinicas-sobre-el-duelo\/","title":{"rendered":"Caminar con dolor: reflexiones cl\u00ednicas sobre el duelo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Entre la p\u00e9rdida, el apuro y la posibilidad de seguir viviendo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Por: Ps. Hugo Venegas<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con frecuencia se observa, tanto en el discurso social como en las redes, una tendencia a entender el duelo como un proceso que debe \u00absuperarse\u00bb para volver a la normalidad. Sin embargo, la experiencia cl\u00ednica relacional muestra algo m\u00e1s complejo: hay p\u00e9rdidas que no se olvidan, v\u00ednculos que no se reemplazan y dolores que transforman profundamente la manera en que una persona habita el mundo y su relaci\u00f3n con otros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sigmund Freud en <em>Duelo y melancol\u00eda<\/em> (1917) plante\u00f3 que el duelo implicar\u00eda retirar la investidura afectiva del objeto perdido para poder reinvestir el mundo, un trabajo con un final, en donde el tiempo ser\u00eda fundamental y reparador. Aunque esta formulaci\u00f3n hist\u00f3rica es clave, autores contempor\u00e1neos la han complejizado: Jacques Allouch (2006) sostiene que en toda p\u00e9rdida tambi\u00e9n se pierde una parte de uno mismo, y Massimo Recalcati (2023) describe el duelo como una experiencia que altera radicalmente el sentido de la propia existencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde el psicoan\u00e1lisis relacional entendemos que nuestra identidad no es aislada, sino que existe dentro de una matriz de v\u00ednculos (Mitchell y Greenberg, 1983). Por lo tanto, perder a un otro significativo implica, inevitablemente, perder qui\u00e9nes \u00e9ramos en esa relaci\u00f3n espec\u00edfica. Con la ausencia del otro, tambi\u00e9n desaparece la versi\u00f3n de nosotros mismos que cobraba vida en ese espacio compartido: nos quedamos de pronto sin el rol que ocup\u00e1bamos junto a ellos (el amigo incondicional, el hijo que cuida, el confidente, etc). Esta profunda desorientaci\u00f3n identitaria es lo que explica por qu\u00e9 el duelo resulta tan desgarrador. Desde ah\u00ed, la pregunta cl\u00ednica deja de ser c\u00f3mo \u00absuperar\u00bb una p\u00e9rdida para transformarse en otra m\u00e1s humana: \u00bfc\u00f3mo seguir viviendo cuando algo o alguien que organizaba nuestra vida ya no est\u00e1? \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de nosotros?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El duelo no siempre se expresa en palabras<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La p\u00e9rdida irrumpe. Desorganiza rutinas, v\u00ednculos, proyectos y certezas, dejando muchas veces a las personas ante preguntas imposibles de responder. En la cl\u00ednica, el duelo aparece frecuentemente antes en el cuerpo que en el discurso: en el cansancio, la sensaci\u00f3n de vac\u00edo, el insomnio, el temblor o la sensaci\u00f3n de extra\u00f1eza frente al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Neymar ten\u00eda 17 a\u00f1os y lleg\u00f3 a consulta sin saber que ven\u00eda al psic\u00f3logo. Entr\u00f3 mirando el celular; las piernas no paraban, como si detenerse fuera peligroso, como si el silencio quemara. Era f\u00fatbol, movimiento, vitalidad en apariencia. Pero cuando nombraba a su amiga -quien se hab\u00eda quitado la vida hace pocos a\u00f1os- el cuerpo lo traicionaba: se le aceleraba el coraz\u00f3n, comenzaba a tiritar, un nudo en la garganta le imped\u00eda hablar. El duelo no estaba en sus palabras. Estaba en ese temblor, en ese nudo que apretaba fuertemente su garganta.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En muchos procesos de duelo traum\u00e1tico, las palabras todav\u00eda no alcanzan para simbolizar lo ocurrido. Como plantea Van der Kolk (2014), existen experiencias que permanecen inscritas corporalmente cuando el impacto emocional supera la capacidad de elaboraci\u00f3n ps\u00edquica. A veces, el dolor no desaparece: se congela, quedando en un espacio interno inicialmente inaccesible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El tiempo social frente a la necesidad de un hogar relacional<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vivimos en una cultura orientada a la productividad y el rendimiento constante. En ese contexto el sufrimiento suele volverse inc\u00f3modo, y con frecuencia aparece una presi\u00f3n por \u201cseguir adelante\u201d que pasa por alto los rituales, el detenimiento y la posibilidad de compartir el dolor con otros (P\u00e9rez, 2024). Como advert\u00eda S\u00e1ndor Ferenczi (1933), el trauma se consolida cuando el entorno desmiente o minimiza la magnitud de una herida. Cuando el duelo no se \u201cresuelve\u201d en el tiempo socialmente esperado, el dolor queda desprovisto de validaci\u00f3n, sumando al sufrimiento original una fuerte sensaci\u00f3n de fracaso o culpa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Frente a esta urgencia, el duelo podr\u00eda pensarse como un camino que aparece bajo los pies sin previo aviso. Al comienzo se recorre a ciegas, en un aislamiento donde la mente busca desesperadamente explicaciones para recuperar el control frente a la irrupci\u00f3n de la p\u00e9rdida. Las perspectivas relacionales han enfatizado que las personas no elaboran este nivel de desorganizaci\u00f3n completamente solas (Mitchell, 1988). Como se\u00f1ala Stolorow (2007), un suceso se vuelve traum\u00e1tico cuando el dolor emocional no encuentra un hogar relacional que lo sostenga.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde la cl\u00ednica, resulta fundamental construir espacios donde la pregunta central no sea <em>\u00bfcu\u00e1nto tiempo falta para estar bien?<\/em>, sino: <em>\u00bfqui\u00e9n soy ahora que perd\u00ed ese pedazo de m\u00ed que am\u00f3?, \u00bfqu\u00e9 hago con lo que qued\u00f3?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La co-construcci\u00f3n del deshielo<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acompa\u00f1ar un duelo -sea desde el rol terap\u00e9utico, familiar,&nbsp; de pareja o desde la amistad- no consiste en interpretar, llenar de respuestas ni empujar al otro a avanzar. Lo que posibilita el movimiento ps\u00edquico es la experiencia de encontrarse con otro disponible emocionalmente (Aron, 1996). Significa permanecer cuando aparece el vac\u00edo, el dolor, la angustia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Donald Winnicott (1969) aport\u00f3 una idea fundamental en esta l\u00ednea: planteaba que el analista debe ser capaz de <em>esperar antes<\/em> de transmitir sus comprensiones. Si quien acompa\u00f1a logra tolerar su propia angustia y resiste la urgencia de \u00abcurar\u00bb o llenar el silencio con palabras precipitadas, el propio paciente, a su tiempo, logra llegar a la comprensi\u00f3n de lo sucedido de una manera aut\u00e9ntica y creativa. Soportar la impotencia frente al dolor ajeno es, parad\u00f3jicamente, lo que permite que algo comience a moverse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una ma\u00f1ana, camino a donde atend\u00eda a Neymar, el metro se detuvo bruscamente. Los parlantes anunciaron que hab\u00eda una persona en las v\u00edas. Silencio absoluto bajo tierra. En esa pausa forzada pens\u00e9 en \u00e9l, en su amiga, en la culpa del que sobrevive. Me angusti\u00e9. Y en ese vag\u00f3n detenido entend\u00ed algo que no me hab\u00eda dado permiso de saber antes: no soy una muralla. El proceso terap\u00e9utico es un espacio de influencia mutua constante; hay veces en las que el analista presta su propia subjetividad para sostener aquello que el paciente a\u00fan no puede procesar. \u201cSi no me dejo afectar, \u00e9l volver\u00e1 a quedarse solo\u201d, pens\u00e9. El duelo del paciente hab\u00eda salido del box y me hab\u00eda habitado a m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Afuera, el mundo le exig\u00eda a Neymar seguir. Nadie se met\u00eda al fr\u00edo con \u00e9l. Su proceso no necesitaba que lo empujaran a descongelarse, necesitaba que alguien estuviera dispuesto a entrar en ese vac\u00edo y permanecer ah\u00ed, validando la realidad de su herida. Con el paso de las sesiones, al experimentar que su angustia pod\u00eda ser sostenida por otro sin apresurarlo o denegarla, su cuerpo empez\u00f3 a ceder. El movimiento incesante de sus piernas fue encontrando pausas. El nudo que le cortaba la respiraci\u00f3n dio paso a las palabras. Pudo comenzar a nombrar la rabia, la culpa de no poder haber hecho algo m\u00e1s y la profunda tristeza que lo habitaba. Al experimentar esto, la urgencia por explicar lo inexplicable comienza a aflojar. Al final de una sesi\u00f3n bordeando el cierre del proceso, me dijo: \u00abMe sirve ver las cosas desde otra perspectiva\u00bb. Quiz\u00e1s de eso se trata el acompa\u00f1amiento: no de arreglar al que sufre en tiempo record, sino de entrar al fr\u00edo junto al otro y esperar el deshielo. No en soledad, sino juntos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Seguir viviendo<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Caminar un duelo no significa avanzar de manera lineal, como dec\u00eda Barthes (2009), el duelo posee un car\u00e1cter discontinuo. Con el tiempo, y gracias a la compa\u00f1\u00eda genuina, el duelo no desaparece, pero la manera de convivir con \u00e9l se transforma. Deja de ser un tr\u00e1nsito a ciegas y se convierte en un espacio interior, \u00edntimo y propio, al cual poder visitar y revisitar. Ah\u00ed habita la memoria de lo que se am\u00f3 y de qui\u00e9n am\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Resulta profundamente conmovedor que el propio Sigmund Freud, doce a\u00f1os despu\u00e9s de teorizar sobre la necesidad de retirar la energ\u00eda del objeto perdido, escribiera desde su propia experiencia de duelo una reflexi\u00f3n que abraza por completo esta mirada vincular:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cAunque sabemos que despu\u00e9s de una p\u00e9rdida as\u00ed el agudo estado de duelo disminuir\u00e1, tambi\u00e9n sabemos que permaneceremos inconsolables y nunca encontraremos un sustituto. No importa lo que pueda llenar el vac\u00edo: incluso si se llena por completo, sigue siendo otra cosa. Y en realidad as\u00ed es como deber\u00eda ser. Es la \u00fanica manera de perpetuar ese amor al que no queremos renunciar.\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8211; Sigmund Freud, carta a Ludwig Binswanger (1929)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1s el duelo no consista en olvidar, reemplazar o \u00absuperar\u00bb. Quiz\u00e1s consista, m\u00e1s bien, en aprender a caminar con aquello que duele, paso a paso, peso a peso, sin renunciar a la capacidad de volver a amar o dejar que nos amen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Allouch, J. (2006). <em>Er\u00f3tica del duelo en el tiempo de la muerte seca<\/em>. Ediciones Literales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aron, L. (1996). <em>Meeting of Minds. Mutuality in Psychoanalysis<\/em>. The Analytic Press.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Barthes, R. (2009). <em>Diario de duelo<\/em> (A. Casta\u00f1\u00f3n, Trad.). Paid\u00f3s. (Obra original publicada en 2009)&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Freud, S. (1917). Duelo y melancol\u00eda. En <em>Obras completas<\/em> (Vol. XIV). Amorrortu.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ferenczi, S. (1933). Confusi\u00f3n de lenguas entre los adultos y el ni\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mitchell, S. &amp; Greenberg, J. (1983). Object relations in psychoanalytic theory. Harvard University Press.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mitchell, S. (1988). <em>Conceptos relacionales en psicoan\u00e1lisis: Una integraci\u00f3n<\/em>. Siglo XXI Editores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">P\u00e9rez, E. (2024). <em>El duelo en tiempos de pandemia. Un acercamiento psicoanal\u00edtico.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recalcati, M. (2023). <em>La luz de las estrellas muertas<\/em>. Anagrama.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Stolorow, R. D. (2007). <em>Trauma and human existence<\/em>. Routledge.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Van der Kolk, B. (2014). <em>El cuerpo lleva la cuenta<\/em>. Eleftheria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Winnicott, D. W. (1969). The use of an object. <em>International Journal of Psycho-Analysis<\/em>, 50, 711\u2013716.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre la p\u00e9rdida, el apuro y la posibilidad de seguir viviendo Por: Ps. Hugo Venegas Con frecuencia se observa, tanto en el discurso social como en las redes, una tendencia a entender el duelo como un proceso que debe \u00absuperarse\u00bb para volver a la normalidad. 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